domingo, 30 de mayo de 2021

La invasión alienígena en Chile

Solo una invasión alienígena, reportada por Cecilia Morel, esposa del presidente chileno Sebastián Piñera - quien después se disculpó por sus palabras-, abrió la puerta para un cambio constitucional; reformas a la Constitución ya se habían prometido desde la campaña presidencial de Michelle Bachelet en 2013. Esta invasión simplemente consistió con el inicio de protestas masivas por parte de jóvenes, en octubre de 2019, demandando mejores condiciones sociales al Estado, cuyo detonante de tal manifestación fue un aumento de la tarifa del metro de $0.04., uno de los servicios de transporte más caros del continente y solo por debajo del metro de Brasil  y del de Nueva York.

Después de las violaciones a los derechos humanos por el excesivo y arbitrario uso de la fuerza por parte de los ejecutores del orden público a los protestantes, y de los daños causados por los disturbios por un valor de 1,400 millones de dólares, el gobierno de Piñera aceptó la redacción de una nueva Constitución, aunque primeramente por vía del Congreso, finalmente, y por presión de las constantes movilizaciones ciudadanas, se definió por la vía de una Asamblea Constituyente. De este modo, se cumplió la sentencia, en la enigmática Plaza de la Dignidad, de deshacerse de una vez por todas de la herencia pinochetista, así como hace 40 años desecharon la Constitución de 1925, con la que Salvador Allende llegó al poder, solo que ahora protagonizado por los millennials y no por militares.

El general Augusto Pinochet, quien arribó al poder gracias a un golpe de Estado, documentado en el informe Hinchey, dijo las siguientes palabras en 1980: “A usted le va a ir bien con esta Constitución”. Actualmente, Chile tiene los indicadores de desarrollo humano más altos de Latinoamérica, y el modelo económico contiene un potente acelerador social que reduce la pobreza con una mayor velocidad; además, el 70 % de los fondos disponibles para los jubilados no proviene de sus contribuciones sino de las ganancias que les generan los fondos. Estos factores son el estandarte para los que nunca quisieron que se redactara una nueva Constitución, como Pedro Pizano y Avel Kaiser quienes escribieron para  The Washington Post, preguntándose: “¿Son las personas que escribirán la próxima Constitución más sabias que las que redactaron la actual?”.

Quizás, y solo quizás, para más del 30 % de la población que, según el Banco Mundial, son económicamente vulnerables, ya no quisieron esperar unos 10, 15 o 20 años más en lo que se reducía la pobreza con ese potente acelerador social. Ya no quisieron esperar a eliminar la gran disparidad de ingresos y riqueza, una educación y salud pobre, y una inadecuada innovación e investigación que acusa Chile según el portal de la experta para riesgos comerciales Coface for trade.

Los resultados para elegir a los convencionales encargados de redactar la Carta Magna, evidencian lo que posteriormente acepta el presidente Piñera: el gobierno no está sintonizado con la gente. Ya en el 2017, Magdalena Piñera, hija del presidente, defendía a los fachos pobres (término peyorativo para chilenos de clase baja o media que votan por la centro derecha) contra la crítica de la izquierda, pues creen que las protestas y marchas  solo generan inseguridad y no se puede trabajar ni estudiar bien. Parece que la familia presidencial solo no sintoniza con la mayoría.


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