domingo, 30 de mayo de 2021

Chile: ni tan mala participación, lo confuso de los independientes y algunas consideraciones domésticas e internacionales.

 En términos generales, la derecha unida (Chile Vamos), con un importante financiamiento y apoyo de medios de comunicación, sale muy debilitada alcanzando solo 37 escaños de los 155 disponibles para la redacción de una nueva Constitución en la Asamblea Constituyente, perdiendo la facultad de bloquear por sí sola ningún proyecto de ley al no alcanzar un tercio necesario. La exConcertación logra 25 escaños; y con esto se rompe el bipartidismo que imperó en el gobierno desde 1990. La izquierda se convierte en la segunda fuerza política con 28 escaños, además de hacerse del poder local en las más importantes alcaldías del país como Viña del Mar, Valparaíso, o como el Partido Comunista que arrasó en la Recoleta en Santiago, pues también se votó por alcaldes y gobernadores. La gran sorpresa son los independientes que se hicieron de 48 escaños. Un logro importante también son los 17 escaños reconocidos para los pueblos originarios.

Si hay algo que nos van a recordar los chilenos a toda la comunidad internacional por el resto de nuestros días, será la composición inédita en la historia constituyente global de crear una Constitución con paridad de género. Para evitar la sobrerrepresentación de un sexo, los números quedan así: de un total de 155 escaños, 78 son para hombres y 77 para mujeres, y como dicen por ahí, uno no es ninguno.

Chile tiene una población que es de aproximadamente 19 millones de personas y cuyo perfil demográfico se compone de la siguiente forma: 20% de la población tiene hasta 14 años; el 14%, entre 15 y 24 años; y el 42.5%, entre 25 y 54 años. Un 20 % son pueblos originarios, y hasta un 7.5 % son extranjeros. En ese contexto, hubo una baja participación, pues únicamente el 42,5 % del electorado estuvo en las urnas, con un total de 6.334.581 de votos según el portal Decide Chile. Esta poca participación se interpreta como una pérdida de interés, aunque no hay que dejar de lado la situación sanitaria e incluso el hecho de denuncias por falta de transporte el domingo 16 de abril, segundo día de votaciones. También sin soslayar que la partición alcanzada en la votación para aprobar una nueva Constitución solo fue del 50.9 %, y que en las últimas dos elecciones presidenciales (2013 y 2017), la participación estuvo cerca del 49 %, por lo que no creo que sea algo que deba sorprender a nadie. De cualquier forma, ¿este déficit participativo será mencionado una y otra vez para deslegitimar, en el imaginario colectivo, los proyectos que vayan surgiendo en la Constituyente según los intereses de un grupo u otro y que lleve a una prórroga dificultando las negociaciones y una resolución?

Respecto a los independientes hay que recordar que 11 escaños son para el grupo de la Nueva Constitución, independientes de centro y centro derecha que, por naturaleza ideológica, sus propuestas se inclinarían más a lo que rechazan las fuerzas progresistas y de izquierda, sin descartar que estarían en sintonía con las propuestas de los partidos del mismo perfil político. Unos 25 escaños para la Lista del Pueblo, surgida en el corazón de las protestas iniciales, si bien no le otorgan una fuerza preponderante, podrían converger con los planteamientos de la izquierda dura con sus 28 cupos, todo dependerá del diálogo y entendimiento. Los restantes 13 escaños son para independientes que no están agrupados en ninguna lista, pero que uno podría suponer son susceptibles a ser cooptados por una fuerza u otra para estar en una línea común. Esta heterogeneidad que se presenta, como bien dice una editorial de La Tercera respecto a los independientes, dificulta los procesos de negociación y logro de acuerdos por ser intereses específicos y no representar intereses más generales. Lo más importante será no caer en lo que Colombia hizo en 1990 al cambiar su Constitución, pues su crisis actual refleja que, al parecer, no sirvió de mucho.

Los temas a tratar girarán en torno a tener un régimen con un Estado que tenga un rol más social, que garantice mayores y mejores derechos de salud, educación, ambientales, derechos del agua, derecho a la vivienda, y cambiar su modelo de sistema de pensiones, entre tantos más.

Las  mayores controversias también estarán entre los derechos ambientales y del agua. El modelo mismo de desarrollo chileno es extractivista, por lo que chocarán irremediablemente con las posturas de protección de ecosistemas. En lo que respecta al agua, Chile tiene una privatización casi completa de sus aguas, tanto en el origen como en la gestión del recurso, por lo que habrá un fuerte debate sobre si mantener los derechos privados o ser un derecho humano básico y ser público en su totalidad.

La participación de los pueblos originarios pondrán en la mesa el debate sobre crear un Estado plurinacional, como sus vecinos Bolivia y Ecuador, pues en Chile, los pueblos originarios no tienen un reconocimiento. Esto implicaría dar garantías en términos territoriales y otorgarles una autonomía, todo esto como una reparación histórica, producto de una marginalización de la que han sido sujetos. Los modelos a seguir apuntan a Nueva Zelanda y Canadá.

Otro punto de discusión será el de la distribución del poder, donde se dirima sobre las atribuciones del titular del Ejecutivo, si conserva cierta atribuciones o le son removidas en lo que se considera existe un régimen hiperpresidencialista.

Si bien es cierto que el Ejecutivo puede tener demasiadas atribuciones, una de las que no tiene es sobre el control de las Fuerzas Armadas. En la Constitución chilena, el presidente solo asume la jefatura de las FF. AA. en tiempo de guerra. Este poder, que asume niveles de autonomía e injerencia política desde 1980 y que tiene una pérdida de confianza hasta del 32 % en 2018-2020 por corrupción y malversación de fondos, tiene el cuarto gasto militar más alto de Sudamérica. Para el Doctor Augusto Varas, las FF. AA. deberían insertarse en un marco efectivamente democrático. Para lograr este cometido, debería eliminarse el elemento de seguridad nacional (herencia de la tradición geopolítica que rige los principios militares en Chile) en la nueva Constitución, pues existe una definición bastante arbitraria de amenazas permitiendo identificar enemigos internos y externos  como objetos del uso de la fuerza. Por lo que su propuesta es introducir mejor el término de Estrategia de Defensa Nacional. Además, eliminar atribuciones del ejército que son, o deberían ser, de exclusivo manejo por autoridades civiles.

Los carabineros también sufrirán cambios importantes, y su polémico control de identidad, que en muchos casos ha llevado a violaciones de los derechos humanos, tendría los días contados.

Si bien es cierto que, en función del artículo 135, se respetó el mantenimiento de tratados internacionales, será interesante la postura de Chile frente a sus vecinos después de asegurarse, o esa es la expectativa, de mejores condiciones de vida. La Política Exterior de Chile, dirigida por sus élites, mantiene una continuidad que se enmarca en el cumplimento cabal del modelo económico actual. Principalmente habría que resaltar su postura con Bolivia, Perú y Venezuela por disputas territoriales y cuestiones transfronterizas como la migración.

En el caso de Bolivia, respecto al enclaustramiento marítimo boliviano, este país, de acuerdo a su Constitución, seguirá reclamando una salida soberana al mar. Para la mayoría de los bolivianos, la pobreza boliviana está relacionada con la pérdida de la cualidad marítima, por lo que recuperar una salida soberana al mar los haría más prósperos. Sin embargo, la mayoría de la población chilena, se dice, harían impopular una cesión. Y desde luego, las demandas bolivianas no tienen respaldo ni por la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Pero, ¿acaso los chilenos no reconsiderarían su postura en un ambiente político más progresista?

La alta tasa de emigrantes que llegan a Chile procedentes en su mayoría de Venezuela, y que buscan mejores condiciones y oportunidades, ha tensado también no solo las relaciones entre gobiernos, sino entre la población en general. La empresa de opinión pública Cadem, reporta que un 60 % de chilenos encuestados cree que la llegada de extranjeros es mala. Existen ciertos recelos entre algunos chilenos por las personas que son de Perú, Bolivia y Venezuela que buscan asentarse en Chile para encontrar trabajo. En un Chile diferente, ¿estas relaciones cambiarán de algún modo?

Este escenario conecta tres factores importantes, las fuerzas armadas, la política exterior y los pueblos indígenas del norte, los cuales convergen en el Norte Grande. Por lo que los nuevos convencionales tendrán que estudiar muy bien los cambios en su política de defensa, darles mayor libertad de decisión a los pueblos originarios y replantear sus relaciones internacionales después de lograr un consenso interno.

La invasión alienígena en Chile

Solo una invasión alienígena, reportada por Cecilia Morel, esposa del presidente chileno Sebastián Piñera - quien después se disculpó por sus palabras-, abrió la puerta para un cambio constitucional; reformas a la Constitución ya se habían prometido desde la campaña presidencial de Michelle Bachelet en 2013. Esta invasión simplemente consistió con el inicio de protestas masivas por parte de jóvenes, en octubre de 2019, demandando mejores condiciones sociales al Estado, cuyo detonante de tal manifestación fue un aumento de la tarifa del metro de $0.04., uno de los servicios de transporte más caros del continente y solo por debajo del metro de Brasil  y del de Nueva York.

Después de las violaciones a los derechos humanos por el excesivo y arbitrario uso de la fuerza por parte de los ejecutores del orden público a los protestantes, y de los daños causados por los disturbios por un valor de 1,400 millones de dólares, el gobierno de Piñera aceptó la redacción de una nueva Constitución, aunque primeramente por vía del Congreso, finalmente, y por presión de las constantes movilizaciones ciudadanas, se definió por la vía de una Asamblea Constituyente. De este modo, se cumplió la sentencia, en la enigmática Plaza de la Dignidad, de deshacerse de una vez por todas de la herencia pinochetista, así como hace 40 años desecharon la Constitución de 1925, con la que Salvador Allende llegó al poder, solo que ahora protagonizado por los millennials y no por militares.

El general Augusto Pinochet, quien arribó al poder gracias a un golpe de Estado, documentado en el informe Hinchey, dijo las siguientes palabras en 1980: “A usted le va a ir bien con esta Constitución”. Actualmente, Chile tiene los indicadores de desarrollo humano más altos de Latinoamérica, y el modelo económico contiene un potente acelerador social que reduce la pobreza con una mayor velocidad; además, el 70 % de los fondos disponibles para los jubilados no proviene de sus contribuciones sino de las ganancias que les generan los fondos. Estos factores son el estandarte para los que nunca quisieron que se redactara una nueva Constitución, como Pedro Pizano y Avel Kaiser quienes escribieron para  The Washington Post, preguntándose: “¿Son las personas que escribirán la próxima Constitución más sabias que las que redactaron la actual?”.

Quizás, y solo quizás, para más del 30 % de la población que, según el Banco Mundial, son económicamente vulnerables, ya no quisieron esperar unos 10, 15 o 20 años más en lo que se reducía la pobreza con ese potente acelerador social. Ya no quisieron esperar a eliminar la gran disparidad de ingresos y riqueza, una educación y salud pobre, y una inadecuada innovación e investigación que acusa Chile según el portal de la experta para riesgos comerciales Coface for trade.

Los resultados para elegir a los convencionales encargados de redactar la Carta Magna, evidencian lo que posteriormente acepta el presidente Piñera: el gobierno no está sintonizado con la gente. Ya en el 2017, Magdalena Piñera, hija del presidente, defendía a los fachos pobres (término peyorativo para chilenos de clase baja o media que votan por la centro derecha) contra la crítica de la izquierda, pues creen que las protestas y marchas  solo generan inseguridad y no se puede trabajar ni estudiar bien. Parece que la familia presidencial solo no sintoniza con la mayoría.


Antecedente inmediato de la guerra

Para entender un poco más la actual guerra en Ucrania, es necesario recordar que en el año de 2014 se orquestó un «golpe de Estado» que depu...